En 1994 se descubrió que un renombrado jerarca nazi vivía en Bariloche. Se trata de Erich Priebke, responsable de la masacre de 335 italianos en las Fosas Ardeatinas de Roma hace 62 años. Fue el fin de Priebke, que está preso en Italia, y el principio de una fascinante investigación para el periodista Abel Basti, quien desde entonces está tras las presuntas huellas de Adolf Hitler en la Argentina. "Tras la caída del nazismo, Hitler se transformó en un dinosaurio protegido. Vivió y murió en Argentina, tengo relatos de testigos y elementos muy firmes para demostrarlo", dice el periodista Abel Basti. El autor del libro "Bariloche nazi" y "Hitler en Argentina" -de reciente aparición-, avanza ahora en la tarea de documentación del fallecimiento del dictador, presuntamente en nuestro país a fines de la década del 60. "Así, lo revelan cartas escritas por el dictador hasta 1964 a amigos que vivían en Córdoba", asegura. "Rastreo la huella de Hitler en sus últimos días, la identidad italiana que usaba aquí, el lugar de Argentina donde murió, su entierro y el destino de Eva Braun, pareja del Führer, quien lo sobrevivió", adelantó a La Capital el cronista, quien explicó que "el trabajo apunta a los encuentros secretos, reuniones en Mar del Plata y en Mendoza, y un viaje a Cuyo (La Rioja)". Por otra parte, remarca lo sospechoso que resulta que documentos nazis retenidos en archivos secretos de EEUU no fueran desclasificados. También indica que "datos sobre Hitler en Argentina fueron tachados" y que el Departamento de Defensa declaró (en 1999) que esa desclasificación "causaría un grave daño a la seguridad nacional". Así, Basti asegura que "la farsa del suicidio fue un plan de escape planificado por el gobierno nazi para evitar que lo persiguieran tras su caída". Pero agrega que "la fuga de Hitler con Eva Braun, altos jefes nazis, tesoros y documentos fue conocida en detalle y aprobada por Estados Unidos". "Tenía seis dobles para despistar y tramaron una representación para hacerlo pasar por muerto", afirma desde Bariloche el investigador. Señala que algo similar ocurrió con "el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller, quien supuestamente se había suicidado en abril de 1945. Pero luego hallaron en la tumba que tenía su nombre una colección de huesos que no eran los de él". "No hay elementos documentales para sostener que no fue una farsa. Nadie vio a Hitler pegarse un tiro, sólo dieron esa versión en su círculo más íntimo. Tampoco hay testigos del momento en que supuestamente se quemó el cadáver ni hay pericias criminalísticas para reconstruir la escena. Sólo se halló un esqueleto, pero que resultó muy trucho ya que no coincidía con las medidas del dictador nazi", afirma. "Los rusos, al tomar el búnker nazi de Berlín guardaron cómo único objeto, un pedacito de hueso con un agujero de bala. Pero se niegan a hacerle una prueba de ADN", señala Basti, quien recopiló documentos de la época que registran que "el mismo Josef Stalin fue quien comunicó a EEUU que Hitler había escapado en un submarino rumbo a España o a la Argentina". "Los aliados nunca dijeron lo contrario, y a diez años de su caída -en 1955-, Alemania lo declaró muerto, en presunción de su fallecimiento. Pero no se investigó. El Führer había dicho que «perder esa guerra, era sólo perder una batalla». El pensaba que la cosa iba a seguir, por eso la farsa del suicidio es importante", resalta el periodista.